Curating
SUSAN PHILIPSZ
THERE IS NOTHING LEFT HERE

Susan Philipsz utiliza su práctica artística para investigar las posibilidades escultóricas y psicológicas del sonido. En sus exposiciones, las salas están vacías, alteradas sólo de un modo perceptivo a través de instalaciones sonoras que provocan nuevas interpretaciones del espacio en el que han de ser encontradas. El público experimenta su viaje a través de un tiempo pasado, mientras la música le envuelve. El lleno sonoro dentro de un espacio vacío vuelve al oyente, radicalmente consciente de su posición, del lugar que ocupa. Su trabajo proporciona una extraña sensación física, obtenida, sin embargo, a partir de un sentido inmaterial. Philipsz emplea interpretaciones a capella de la tradición popular, con una voz que, aún entrenada, no es profesional, lo que nos aproxima a una cierta familiaridad pero, simultáneamente, hace más distante y alienada esa fuente original.

Además de las implicaciones psicológicas que conciernen a este tipo de trabajo, al reinterpretar canciones bien reconocibles, Philipsz juega de un modo inteligente con nuestra memoria colectiva. A través del uso de referencias a los contextos originales de donde toma sus canciones o letras, busca provocar emocionalmente al oyente. Su intervención guarda una relación especial con la producción de subjetividad: pretende alterar la identidad individual, manipulando su habilidad para permanecer fijo, escuchando con la incertidumbre incómoda de no saber dónde mirar en este supuesto espacio adecuado para la contemplación o provocando una respuesta emocional, un movimiento que complica ese vacío con su sentido de pérdida o de añoranza de una posibilidad de recuperación.

Susan Philipsz uses her art to explore the sculptural and psychological potential of sound. At her shows, exhibition halls remain empty, altered instead on a perceptive level by sound installations which provoke new interpretations of the space in which they are to be found. The public experiences her journey through fleeting time as the music ebbs and flows. The fullness of sound within the emptiness of space comes back to the listener, radically aware now of their position, their location. The work is best owed with a strange sense of physicality, achieved somehow through an immaterial sensation. Philipsz employs a cappella interpretations of the traditional popular repertoire, with a voice that, whilst trained, is by no means professional, which draws us in with its familiarity whilst simultaneously making the original source seem ever more distant. 

As far as the psychological implications of her work are concerned, by reinterpreting recognizable pieces of music, Philipsz cleverly plays with our collective memory. Through her use of references to the original contexts from which she takes her songs or their lyrics, she seeks to emotionally provoke the listener. Her intervention has a special relationship to the production of subjectivity: it strives to alter individual identity, manipulating its ability to remain tied down, listening with the disturbing uncertainty of not knowing where to look in this supposed space fit for contemplation or provoking an emotional response, a movement which complicates this emptiness with its sense of loss or a longing for a chance of recuperation. 







— Archivo fotográfico CGAC, Santiago de Compostela. Photographs: Mark Ritchie —

 

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CGAC, Santiago de Compostela, 20.12.2007-30.03.2008.
 
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